El ascenso de Ricardo Belmont (Cívico Obras) en las encuestas lo ha puesto en el centro del debate político. Pero hay un detalle que empieza a llamar la atención cuando habla de seguridad.
Cuando se le pregunta por delincuencia, crimen organizado o extorsión, sus respuestas no siempre entran en lo técnico. Más bien, suelen ir por el lado simbólico, emocional o incluso mediático.
Frases como “amor con amor se paga” o referencias tipo “abrazos, no balazos” de AMLO, han marcado su discurso público. Esto ha generado una percepción clara: que no tiene una estrategia definida.
Sin embargo, hay algo que muy pocos revisan: su plan de gobierno. Ahí es donde podemos encontrar propuestas concretas en seguridad, bastante más estructuradas de lo que parece.
1. Reestructuración total del sistema de justicia
El eje principal del plan de Belmont no es solo la policía, sino todo el sistema. Su diagnóstico es que la inseguridad se mantiene porque las instituciones no funcionan de forma coordinada.
Para eso, plantea una reestructuración completa de las principales entidades del sistema de justicia. La idea es que el problema deje de ser solo operativo y pase a resolverse desde la base.
- Reforma integral de instituciones: Incluye la PNP, Ministerio Público, Poder Judicial e INPE, buscando que trabajen de forma articulada y eficiente.
- Control y evaluación constante: Propone implementar sistemas de monitoreo para medir desempeño y reducir errores dentro del sistema.
- Reducción de carga procesal: Busca que los casos no se acumulen durante años, acelerando los procesos judiciales.
- Plazo máximo de resolución: Establece como meta que las denuncias se resuelvan en un máximo de dos años.
Aquí el enfoque es claro. No solo capturar delincuentes, sino hacer que todo el sistema deje de fallar.
2. Combate directo al crimen organizado
El plan también plantea una ofensiva directa contra los delitos más graves. Belmont no habla de contención, sino de eliminación de estructuras criminales.
Su enfoque apunta a atacar tanto a los actores como a las actividades que sostienen el crimen organizado en el país.
- Sicariato y extorsión: Identificados como los principales motores de la violencia actual, con prioridad de intervención.
- Narco-terrorismo y trata de personas: Considerados delitos críticos que deben ser erradicados de forma frontal.
- Minería ilegal y contrabando: Actividades que financian redes criminales y afectan la economía formal.
- Monopolio de la fuerza del Estado: Propone que el Estado recupere el control total del territorio mediante intervención directa.
Aquí la lógica es directa. Eliminar las fuentes del crimen, no solo reaccionar ante sus efectos.
3. Seguridad desde el barrio: “Plazas Activas”
Belmont no basa toda su estrategia en represión. También propone una fuerte intervención social desde los espacios públicos.
La idea es reducir la delincuencia desde el entorno, recuperando zonas que hoy están tomadas por la inseguridad.
- “Plazas Activas”: Intervención de 1,000 espacios públicos para convertirlos nuevamente en centros de convivencia ciudadana.
- Comités Cívicos de Vigilancia: Creación de 5,000 comités vecinales organizados legalmente para apoyar en la seguridad local.
- Participación ciudadana: Los vecinos pasan a tener un rol activo en la vigilancia y control de su entorno.
- Deporte y formación en valores: Uso del deporte como herramienta para alejar a jóvenes del crimen.
Aquí el enfoque cambia. No solo combatir delincuentes, sino reducir el terreno donde crecen.
4. Uso de la fuerza y rol de las Fuerzas Armadas
Belmont plantea una posición clara respecto al uso de la fuerza. El Estado debe ejercerla con firmeza, pero de manera justificada.
Su propuesta combina intervención directa con presencia institucional en zonas vulnerables.
- Monopolio de la fuerza: El Estado responde solo cuando el ciudadano usa la violencia para dañar a otros.
- Fortalecimiento de la PNP y FFAA: Asignación de recursos para mejorar su capacidad operativa.
- Acciones cívicas: Realización de 30 intervenciones anuales con apoyo médico y técnico en zonas vulnerables.
- Presencia del Estado: Uso de las Fuerzas Armadas no solo para seguridad, sino también para acercar servicios básicos.
Aquí el enfoque es mixto. Seguridad con presencia estatal, no solo intervención policial.
5. Tolerancia cero a la impunidad
El último eje del plan apunta directamente a la corrupción dentro del Estado. Belmont considera que sin sanciones fuertes, cualquier estrategia de seguridad fracasa.
Por eso, plantea reglas claras para quienes abusen de su cargo.
- No prescripción de delitos: Los delitos contra el Estado no caducan con el tiempo.
- Inhabilitación perpetua: Funcionarios corruptos no podrán volver a ocupar cargos públicos.
- Sanciones ejemplares: Busca generar un efecto disuasivo dentro del sistema estatal.
Aquí la idea es contundente. Sin impunidad, el sistema empieza a funcionar.
Lo que realmente propone Belmont en seguridad
El discurso público de Ricardo Belmont puede parecer más emocional que técnico. Pero su plan muestra una estructura bastante más definida de lo que se percibe en entrevistas.
Combina reforma institucional, combate directo al crimen, intervención social y sanciones duras. Es un enfoque mixto que intenta atacar el problema desde varios frentes.
Sin embargo, queda una duda clave. ¿Puede este plan ejecutarse realmente o se quedará en intención?
Porque al final, no se trata solo de lo que se propone. Se trata de si realmente se puede aplicar en el Perú actual.
Y ahora la pregunta es para ti. ¿Te convence más su discurso o lo que plantea en su plan de gobierno?

